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Nuestros niños

Los recién nacidos tienen al nacer miles de millones de células cerebrales o neuronas, entre las cuales se establecen conexiones llamadas sinapsis, que al entrar el niñ@ en contacto con la estimulación exterior, se multiplican rápidamente. Estas sinapsis dan lugar a estructuras funcionales en el cerebro, que van a constituir la base fisiológica que permite configurar las condiciones para el aprendizaje.

foto alusiva a nuestros ninos

En algunos niñ@s, mientras el cerebro comienza su formación, estas posibilidades de conexión se dan dentro de un proceso lento, es decir las neuronas no tienen un desarrollo convencional. A partir de ese momento la capacidad de desarrollar nuevas sinapsis, empieza una carrera contra reloj, y en la mayoría de los casos va disminuyendo; a partir de los 5 o 6 años, las posibilidades van a ser casi nulas. En los niños regulares este espacio de tiempo va hasta los 8 años de edad.

El desarrollo cerebral, es particularmente sensible a los factores del medio ambiente. Esto hace que las condiciones a las cuales se ve sometido el niñ@, tengan un efecto inmediato en las funciones y cualidades motoras, intelectuales y psícosociales. Si las condiciones son favorables y estimulantes, esto tendrá repercusiones inmediatas en el aprendizaje; si son desfavorables o limitadas, actuaran de manera negativa perjudicando el desarrollo, a veces de forma irreversible.

Todos los seres humanos nacemos con unas determinadas potencialidades y el que las capacidades se desarrollen en mayor o menor grado depende, sobre todo, de los estímulos que el niño reciba, tanto de los adultos como de su entorno. Evidentemente en la edad adulta aprendemos nuevas habilidades, sin duda, pero las aprendemos utilizando las conexiones neuronales que ya se establecieron en la etapa neonatal.

Esto nos lleva a deducir que la estimulación para infantes con y sin alteraciones, debe ser “especial, suficiente y oportuna” para que el niño la pueda asimilar y le aporte toda la información necesaria que le permita cimentar las bases de su personalidad.

Otra de las variables que ha de tenerse en cuenta, es la intensidad de las actividades que se realicen, obviamente en un niño con discapacidad deben ser más constantes y de mayor duración.

La realización de una actividad para niños convencionales es completamente válida como actividad de estimulación para niños con discapacidad, al tener ambos en su infancia capacidad receptiva y al estar en desarrollo el sistema neurológico. La gran diferencia está marcada por el tiempo que se tardan los niños en aprehender y asimilar el estímulo. Mientras que un niño convencional tarda dos meses aproximadamente, un niño con discapacidad tardará el triple y en la misma proporción deben ser las actividades. Por ejemplo si a un niño convencional se le realizan dos actividades diarias de percepción, a un niño con discapacidad se le realizarán seis actividades; ésta es la proporción que se maneja entorno a tiempos e intensidades:

Tabla de tiempos e intensidades
Niños Convencionales Niños con discapacidad
Tiempo de estimulación temprana para obtención de resultados 2 meses 6 meses
Intensidad de la actividad 5 actividades 15 actividades
Tiempo cronológico 0 - 2 años 0 - 12 años
Actividades de estimulación
  • - Desarrollo perceptivo
  • - Desarrollo motor fino y grueso
  • - Desarrollo del lenguaje y cognitivo
Ambiente Familiar, acogedor y propicio para el aprendizaje

Finalmente, es necesario precisar que el pronóstico de cada niño está sujeto, por una parte, al grado de compromiso neurológico y por otra parte, a lo precoz que haya sido la iniciación de las intervenciones terapéuticas, a la calidad del programa de habilitación (planeación, tipo de estímulo, frecuencia, intensidad y duración), a la constancia con que el niño y la niña reciba el tratamiento, a la receptividad y compromiso familiar con el programa propuesto, y la comprensión emotiva que logren los padres frente a las condiciones que necesita su hijo o hija para crecer y desarrollarse.

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